Anti DRM: defiende tus derechos

DRM: Atentado contra la libertad

Las nuevas tecnologías, el poder del software y las intereses de las grandes de industrias de la cultura se conjugan en que lo que resulta la mayor amenaza a la libertad de la cultura en tiempos de Internet.

El software gobierna la cultura

En tiempos de Internet, donde la información abunda y circula de forma (aparentemente) libre, nosotros, los usuarios de tecnología y Software Libre reconocemos el gran peligro que se esconde en los esquemas y políticas privativas. Sabemos, a diferencia de la gran mayoria de los usuarios de computadoras, que existe otra forma de crear software e interactuar con él, elegimos esta forma “alternativa” no solamente por cuestiones técnicas o mejorias de rendimiento, sino porque reconocemos un autentico problema al querer compartir, crear o mejorar el software privativo.

Sin embargo, la conciencia de muchos usuarios de software libre acerca de la necesidad de que el software sea libre no se extiende a otros terrenos, no vas más allá que eso. Es precisamente ahi donde encontramos un problema: al sentirnos satisfechos por poder usar en nuestras compudatoras un sistema operativo libre y no comprender que las amenazas que atentan contra esa libertad no atacan solamente al software. Como todo elemento de la cultura en tiempos de la llamada “era de la sociedad de la información”, el software se encuentra en un constante conflicto sostenido por dos visiones opuestas: la de la libertad y la del control/permiso. Como he dicho, el software es solo un elemento de la construcción cultural de nuestros tiempos, sustenta y rige la forma en que accedemos a otros contenidos culturales. Al decidir que el software sea libre estamos determinando que su funcionamiento será transparente, su acceso será democrático y su construcción será colaborativa. Al mismo tiempo nos estaremos negando a no compartir nuestro conocimiento y creación, a dejar en pocas manos el destino de nuestra obra y, sobre todas las cosas, a ocultar como funciona.

Teniendo en cuenta lo mencionado y comprendiendo que el software es un elemento determinante en la forma en que se accede y sea crea la cultura, será posible empezar a visualizar su real importancia y su rol determinante en aspectos muchísimo más importante a los que se lo suele asociar. Es entonces cuando dejamos de ser meros usuarios de GNU/Linux preocupados por un tener un kernel actualizado, bellos gestores de ventanas o cualquier otra trivialidad: tomamos conciencia de que el poder del software afecta cada vez más aspectos de nuestra sociedad, nuestra cultura, nuestro pasado y nuestro futuro.

¿Cuán grande es el poder del software?

La tecnología se extiende y avanza exponencialmente, se supera de un momento a otro; decir esto no es una gran revelación de mi parte. Sus frutos son tan visibles como invisibles: telecomunicaciones instantáneas, horas de música en la palma de la mano, cine y televisión en medios opticos portátiles, la Biblioteca de Alejandría en el disco rígido de la PC de cualquier mortal…¿qué tienen en común? Fascinación, masividad y sobretodo software. Esta ahi, en todas partes, en cada dispositivo y pieza de información digitalizada: el software es un ente omnipresente que determina las posibilidades de nuestro entorno y nuestro acceso a su conocimiento. La fascinación generada por las capacidades de la tecnología es pocas veces analizada de forma objetiva. Es comun considerar que la tecnología (y el software inplicitamente) es de carácter benevolente, que todo lo que sea nuevo es naturalmente “bueno”. No solo podemos aludir esta ingenuidad a la fascinación que nos provoca la constante superación técnica del hombre, sino también a que es producto de una deliberadamente infundada ignorancia hacia el sector consumidor.

El software en sí mismo no puede ser coniderado “bueno” ni “malo“, dicha apreciación es en todo caso subjetiva, pero sin embargo, necesaria. Deberiamos al menos pensar si existe una contraparte “maligna” ante tantas aparentes bondades que nos brindan las nuevas tecnologías. Deberiamos ser los suficientemente audaces para comprender que el gran poder que hoy tiene el software sobre nuestras vidas puede perjudicarnos seriamente. Indagar en las posibilidades nos remontarán a historias de ciencia ficción, los mundos imaginarios de Asimov y la coartada libertad reinante en “1984” de Orwell; pero sin dudas es un viaje de descubrimiento que nos permitirá entender lo importante del compromiso de cada uno de nosotros en todas estas cuestiones…

En cada dispositivo electrónico se esconde potencialmente un sistema de control remoto comandado a distancia por manos invisibles. Las posibilidades del código permiten a estas manos poderosas hacerse del control de la cultura y gobernar nuestros derechos sobre ella de una forma que no tiene precedentes ni aparentes limitaciones: avanzamos hacia una era donde los derechos y libertades ya no son gestionados por disposiciones legales sino por medios tecnológicos.

DRMs, aquí y ahora

“El futuro llegó hace rato…” entona la inconfundible voz de Carlos “Indio” Solari. Las fantasias que se remontaban a futuros aparentemente imposibles estan hoy entre nosotros. ¿Su nombre? DRM. El acrónimo surge de Digital Rights Managment, lo que traducido a nuestro idioma sería Gestión Digital de Derechos. Son ambiguamente conocidos como Gestión Digital de Restricciones, termino introducido por sus opositores para descatar la capacidad de estos sistemas para restringir nuestras libertades.

Cualquiera fuera la interpretación que dieramos a su nombre, su significado es claro: el control no es del usuario, no responden a sus necesidades, son “defectuosos por diseño”.

Los sistemas de DRM suelen promocionarse como algo realmente útil para el consumidor, aduciendo que la seguridad y confiabilidad de sus dispositivos u información se encuentran totalmente aseguradas. Existen muchos casos como éste, donde la existencia del DRM es promocionada o al menos declarada legalmente. El primero tiene como máximo exponente sistema de “confianza” titulado “Trusted Computing” ó Computación Confiable, que representa hasta el día de hoy la mayor estrategía de implementación de DRMs (ya hablaremos más sobre el en ediciones próximas de esta misma sección).

En otros casos, la naturaleza ilegal de los DRMs desenboca a que las empresas que implementan alguno de estos sistemas simplemente lo haga de forma oculta a los ojos del usuario. El ejemplo y caso emblemático es el famoso Rootkit de Sony BMG, el cual venia incorporado en ciertos discos de audio de la empresa, se instalaba sin permiso en el equipo del usuario e imposibilitaba al mismo de hacer cualquier rippeo de música de cualquier disco. Como vemos, los DRMs se encuentran en plena expansión y la infraestructura para montar un control total sobre toda expresión cultural (economicamente redituable) aun no esta lista. No podemos decir que exista un único tipo de sistema de restricción, sino que existen muchas fórmulas para llegar al mismo resultado: el control. A veces se implementan en el hardware mismo, incorporando piezas electrónicas destinadas a almacenar, monitorear y transmitir información sobre el uso que le damos a un deteminado contenido.

Existen implementaciones a nivel firmware, generalmente en dispositivos donde la lógica esta embebida (lectores de DVD, celulares, reproductores de Mp3, etc.). Incluso se encuentran en piezas de software de uso diario en computadoras de hogar: usuarios que padecen el Windows Media Player se encuentran tambien ante un software que monitorea sus acciones y restringe sus libertades.

Por último encontramos DRM en el contenido mismo. Es posible incorporar las restricciones por sobre la infraestructura y la lógica: los contenidos digitales incorporan código que actua restringiendo y controlando el acceso a ese contenido (archivos de música, libros electrónicos, etc..). Como hemos visto, las posibilidades de encontrarnos con DRMs son cada vez más grandes y muchas veces sin si quiera enterarnos o ser informados del mismo.

La mano detrás del control

“Pero…¿Quién está atrás de todo esto?” se preguntará más de un lector con rostro de indignación. Otro bienintencionado “linuxero” se apresurará en la respuesta achacandole la culpa de los DRMs y todas las peripecias de la tecnología a cierta empresa ubicada en la pequeña localidad de Redmond (y no me refiero precisamente a Nintendo). No voy a negar que la megacorporación de Bill Gates implementa sistemas de DRM en muchas de sus aplicaciones, sin embargo, esta problemática excede a los clásicos archienemigos a los cuales se han mal acostumbrado a odiar gran parte de los usuarios del Software Libre.

Como dije en un principio, los poderes del software van más alla de la informática en si misma y toma parte en otras diversas formas de cultura: el cine, la música, la televisión, la industria editorial, etc.. Por esta razón debemos mirar hacia las industrias culturales que controlan la explotación comercial de todas estas formas de expresión cultural.

Los sellos discogáficos, las empresas cinematográficas, las grandes casas editoriales, son quienes emplean los sistemas de restricciones. Su poder sobre la explotación comercial de los derechos de copia y edicion que adquieren de los autores y creadores estuvieron contenidos, hasta hace no mucho tiempo, por el marco de las regulaciones legales (copyright, derechos de autor, etc.). Sin embargo, en tiempo donde las posibilidades que brinda la tecnología son tan bastas, estas megacorporaciones utilizan el poder del código para engrandecer sus posibilidades hasta limites insospechados. Hoy estas “manos detras del control” pueden decidir por nosotros, determinar en que forma leemos, escribimos, escuchamos música, miramos una pelicula o, incluso, controlar que hacemos con nuestra propia computadora.

¿Legales o ilegales?

Cualquier implementación de DRM o sistema semejante constituye un autentico acto anticonstitucional y criminal en casi cualquier país del planeta. Avasallan muchos derechos manifestados en la Declaración de los Derechos Humanos y resultan contrarios a la tradición legal y judicial que ha existido hasta hoy.

A pesar de todo esto ciertas leyes impulsadas en países como EE.UU. y recientemente Francia (DADVSI, ver Nota de Opinión del número anterior) legalizan y avalan el uso de estos sistemas. Es tal el poder de las industrias, que han podido llevar adelante estas leyes, encubriendose bajo la idea de la protección a los derechos de los creadores (a pesar de que las industrias no son creadoras de ninguna obra) y utilizando la siempre oportuna referencia a “la terrible pirateria que destruye nuestra cultura”. Sin embargo, estas leyes no son solo patrimonio de los paises que las gestaron e implementaron en un comienzo: cualquier nación que firme un tratado internacional (un TLC por ejemplo) incorporará automaticamente a su sistema legal estas leyes que avalan el uso de DRMs. Y esto no termina allí, existen diversos proyectos de leyes aun más controversiales impulsando el uso de sistemas de restricciones que satisfagan los requerimientos e intereses de las grandes industrias culturales.

Todos son perjuicios

Los daños a la libertad y los derechos de los usuarios/consumidores/creadores son bastos y algunos siquiera determinados. Podemos enumerar algunos de ellos, que de por sí dejan en claro cuan ilegales y perjudiciales pueden resultar los DRM.

El derecho a leer y al libre acceso a la cultura: los DRM permiten que un tercero conozca todo lo que vemos, escuchamos, leemos, y expresamos, y pueda monitorear, controlar e incluso impedir que lo hagamos. Pueden decir cómo, cuándo y cuantas veces podemos leer un libro.

El derecho a la intimidad: Para decidir si otorgan o no acceso a cada obra, estos sistemas necesitan vigilarnos. De esta forma, un tercero tendrá información sobre qué, cómo y cuándo leemos, oímos música, escuchamos radio, vemos películas y accedemos a cualquier contenido digital.

La realización de obras derivadas: La realización de obras derivadas es un proceso común en la creación cultural. Muchas obras son trabajos derivados de obras anteriores. Esto incluye traducciones, realización de remixes, y otras formas de expresión. Estas acciones básicas de la producción cultural se tornan imposibles frente a DRM. El dominio público: Las restricciones técnicas de acceso no tienen fecha de vencimiento. Por tanto, cuando las obras entren al dominio público, las restricciones seguirán estando allí, vedando el acceso y la copia de materiales que legalmente podrían ser copiados. Otro tanto ocurre con obras que ya están en el dominio público y que se tornan inaccesibles para las personas cuando algún proveedor de contenidos las distribuye bajo un sistema de DRM.

La presunción de inocencia: Las medidas técnicas de restricción de acceso y copia declaran a la ciudadanía culpable antes de que se pruebe lo contrario, privándola de una serie de derechos en forma preventiva, sin que se haya cometido ningún delito.

El derecho a experimentar: El desarrollo y utilización de mecanismos para eludir los DRM se convierte en un crimen aún cuando se realice para fines de investigación o para acceder a un contenido que se ha adquirido legalmente, incluso cuando no se viole ningún derecho de autor.

Los proveedores nos imponen así qué software debemos usar si queremos acceder a sus contenidos. Esto afecta directamente al Software Libre, ya que impide que quienes lo usamos podamos contar legalmente con programas para acceder a contenidos digitales.

Luchar contra el gigante, defender la libertad

La primera medida para contrarrestar el avance de los sistemas de DRM es hablar de ellos, dar a conocer su existencia, dejar clara su mal intencionalidad y cuan perjudiciales son para nuestros bienes culturales.

Obviamente debemos intentar evitar cualquier hardware, software o contenido que contenga DRM o una medida similar. En el mejor de los casos nos encotraremos con productos que “se delatan solos” exibiendo promocionalmente la información acerca de los DRM que contiene. En otras ocaciones será necesario informarnos, leer los contratos legales y licencias de usuario final (EULA). Lo mismo cuando vamos a comprar contenidos en medios digitales, ya sea una archivo de música, una pelicula, un libro digital; por ejemplo, en Argentina existen conocidas, hasta el día de hoy, dos empresas que venden contenidos musicales con DRMs: “10Musica.com “y UBBI Música”. En todos los casos, evitémoslas.

Como era de esperarse, la comunidad del Software Libre se está movilizando para hacerle frente a la amenza de los DRMs. En EE.UU. la FSF y GNU impulsan una campaña activista en su contra llamada “Defective by Design”. En Francia ya existian movimientos y protestas en contra de DADVSI incluso antes de que se promulgase. En Latinoamérica quién a tomado la iniciativa es la Free Software Fundation Latin American (FSFLA), desde allí se esta planificando una campaña a gran escala, en acción conjunta con miembros de la comunidad de todo el continente. Todo el mundo esta invitado a sumarse a la campaña y hacer su aporte, los intereses en juego exceden a los del Software Libre únicamente y es por eso que se necesita el apoyo y accionar concreto de todos los actores de la cultura.

Licencia: Creative Commons Atribución-NoComercial 2.5 Argentina

Autor: Franco Iacomella

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